ACHEESIL

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Merecer en EE 33

En la primera versión de los Apuntes de Adolfo Chércoles se hace un extenso análisis de estos términos y del significado que San Ignacio les da. El que acompaña debe asegurarse que el ejercitante no entiende el término según aparece en el Diccionario de la RAE “Acción que hace al hombre digno de premio o de castigo” y que nos llevaría a actuaciones heroicas de acumulación de “méritos”.

Para San Ignacio el merecer es la experiencia paradójica de vivir la realidad como don al descubrir en ella una oportunidad salvífica. Mérito es aprovechar, desde mi libertad, la oportunidad, que se me da, para avanzar en el camino de mi salvación.

A continuación se incluye íntegramente el texto de la primera versión de apuntes que se refiere a estos términos:

A.- En los EE:

  • merescer: EE 33 y 34 (2 veces): (Cfr. supra): en sentido positivo, contrapuesto a pecado.
  • meresce:  EE 20: “Del qual apartamiento se siguen tres provechos principales, entre otros muchos: el primero es, que en apartarse hombre de muchos amigos y conoscidos, y asimismo de muchos negocios no bien ordenados, por servir y alabar a Dios nuestro Señor, no poco meresce delante su divina majestad”: Sentido positivo.
  • merescía: EE 48: Aquí será demandar vergüenza y confusión de mí mismo, viendo quántos han sido dañados por un solo pecado mortal, y quántas veces yo merescía ser condenado para siempre por mis tantos pecados”: Sentido negativo.
  • he merescido: EE 50: “…trayendo en comparación de un pecado de los ángeles tantos pecados míos; y donde ellos por un pecado fueron al infierno, quántas veces yo le he merescido por tantos”: Sentido negativo.
  • mérito: EE 40: “Mas en todo lo que está dicho hay mérito en bien ordenar, y peccado en el mal enderezar o vanamente hablar”: Sentido positivo como contrapuesto a pecado.
  • mérito: EE 44 (2 veces): “…dado que quien cada año se confiesa, no sea obligado de hacer confesión general, haciéndola hay mayor provecho y mérito, por el mayor dolor actual de todos pecados y malicias de toda su vida…. alcanzando agora más conoscimiento y dolor dellos (pecados), habrá mayor provecho y mérito que antes hubiera”: Sentido positivo.
  • meritoria: EE 14: “… y dado que la buena obra que se hace con voto, es más meritoria que la que se hace sin él…”: Sentido positivo.
  • meritoriamente: EE 15: “Porque dado que fuera de los ejercicios lícita y meritoriamente podamos mover a todas personas que probabiliter tengan subjecto…”: Sentido positivo.

Tenemos, por tanto, once veces empleado el concepto. De ellas sólo dos en sentido negativo (EE 48 y 50) y las nueve restantes en positivo, de las cuales en cuatro ocasiones aparece contrapuesto a pecado (EE 33, 34 -2 veces- y 40), tres relacionado con provecho (EE 20 y 44 -2 veces-), una en el sentido de valor: “más meritoria” (EE 14) y una relacionado con la idea de licitud y con un sentido de “conveniente” (EE 15).

En todos los casos parece haber algo común: la idea de apertura a una posibilidad que nunca se puede interpretar como exigencia y seguridad. Por ejemplo, en los dos casos en que aparece empleada negativamente, el “castigo” que uno “ha merecido”, de hecho no se ha llevado a efecto. Esta apertura habría pues que relacionarla con la idea de disposición.

B.- En otros escritos de S. Ignacio:

Sin pretender, ni mucho menos, agotar el tema, puede ayudarnos a clarificar el sentido en Ignacio de este concepto el citar algunas de sus formulaciones fuera de los EE. Las agruparemos en dos bloques: a) aparece relacionado con mi libertad: en sentido positivo sería oportunidad aprovechada, y en el negativo oportunidad perdida y b) relacionado con la idea de gratuidad y don.

a) aparece relacionado con mi libertad: en sentido positivo sería oportunidad aprovechada, y en el negativo oportunidad perdida.
- De una carta a Isabel Roser del 10-XI-1532 (Carta no 3 de la BAC):

“Así cuanto me placía una vez que el mundo os afrenta, tanto me pesaba en pensar que por estas adversidades, por la pena y por el trabajo hubistes de buscar remedios de medicina; plugiese a la Madre de Dios, con tal que en vos fuese entera paciencia y constancia, mirando las mayores injurias y afrentas, que Cristo N.S. pasó por nosotros, y que otros no pecasen, que mayores afrentas os viniesen, para que más y más mereciésedes. Y si esta paciencia no hallamos, más razón tenemos de quejarnos de nuestra misma sensualidad y carne, y en no estar nosotros tan amortiguados ni tan muertos en las cosas mundanas como debríamos, que no de los que nos afrentan; porque ellos nos dan materia para nosotros ganar mayores mercaderías, que en esta vida hombre las puede ganar, y mayores riquezas que en este siglo hombre las puede allegar…”
Aquí tiene un sentido claro de oportunidad aprovechada.

- De una carta a N. de Bobadilla del año 1543 (Carta nº 24 de la BAC):
“… Con esto yo estaría muy contento, estando allá, y tomar lo necesario de cualquiera mano que de Dios N.S. sentiese venir; y cuando algunas veces pareciese faltar, creería que Dios N.S. es servido en bien probarme, para más merecer en su mayor servicio, alabanza y gloria…”
El merecer está unido a la prueba = oportunidad.

- De una carta a Francisco de Borja de 1545 (Carta no 26 de la BAC):
“… como a los que enteramente aman al Señor todas las cosas les ayudan y todas les favorecen para más merecer y para más allegar y unir con caridad intensa con su mismo Criador y Señor, aunque muchas veces ponga la criatura impedimentos de su parte para lo que el Señor quiere obrar en su ánima, como V. Sría. dice, y mucho bien. Y no sólo antes que en el obrar se reciben grácias, dones y gustos del Espíritu Santo, mas aun venidos y recebidos…, venimos a desatarnos aún con pensamientos de poco momento, no sabiendo conservar tanto bien celestial. De modo que antes que venga la tal gracia y obra del Señor nuestro, ponemos impedimentos, y, después de venida, lo mismo, para en fin de conservarla… yo para mí me persuado, que antes y después soy todo impedimento; y de esto siento mayor contentamiento y gozo espiritual en el Señor nuestro, por no poder atribuir a mí cosa alguna que buena parezca; sintiendo una cosa (si los que más entienden, otra cosa mejor no sienten), que hay pocos en esta vida, y más echo, que ninguno, que en todo pueda determinar, o juzgar, cuánto impide de su parte, y cuánto desayuda a lo que el Señor nuestro quiere en su ánima obrar. Bien me persuado que cuanto más una persona será versada y experimentada de humildad y caridad, que cuanto más sentirá y conocerá hasta las cogitaciones mucho menudas, y otras cosas delgadas que le impiden y desayudan, aunque sean al parecer de poco o casi de ningún momento, siendo tanto tenues en sí; sin embargo, para en todo conocer nuestros impedimentos y faltas, no es de esta vida presente, como el Profeta pide ser librado de las culpas que no conoce (Ps 18,18), y S. Pablo, confesando no conocerlas, añade, que no por eso es justificado (I Cor 4,4)”
El amor a Dios es lo que posibilita que nuestra libertad encuentre en todas las cosas una oportunidad, en medio de la propia debilidad e inconsecuencia.

- Del Examen, cap. 1,9 (13):
“La segunda suerte es de los que se reciben para Coadjutores en el servicio divino, y ayuda de la Compañía en las cosas spirituales o temporales, los quales, después de sus experiencias y probaciones, han de hacer tres votos simples, de obediencia, pobreza y castidad, sin hacer el cuarto de la obediencia al Papa ni otro alguno solenne, contentándose de su grado con saber que aquéllos merecen más delante de nuestro Criador y Señor, que con mayor caridad ayudan y sirven a todos por amor de la su divina Magestad, ahora sea en las cosas mayores, ahora sea en las otras más baxas y húmiles”.
La ayuda y servicio a los demás con caridad posibilita ese merecer más “delante de nuestro Criador y Señor”. Podríamos decir que merecer “ante” Dios tendría simplemente el sentido de presencia agradable lo cual está lejos de presencia exigente.

- Del Examen, cap. 1,12 E (17):
“Aunque tengan dos años de término, no se quita la libertad ni devoción ni provecho o mérito que hay en ligarse con Cristo nuestro Señor, a los que quisiessen antes de este término hacer sus votos…”
Aquí mérito es sinónimo de provecho.

- Del Examen, cap. 6,8 (119):
“… y desde entonces quedan por coadjutores formados, ahora sean spirituales, ahora temporales, de tal manera que de su parte queden ligados para siempre vivir y morir en el Señor nuestro en esta y con esta Compañía a mayor gloria de la divina Magestad, y para mayor mérito y stabilidad suya.”

- Del Examen, cap. 7,1 (121):
“(los estudiantes) antes de ir a los studios, o estando en ellos, han de hacer por su mayor mérito y stabilidad voto simple de pobreza, castidad y obediencia, y promessa a Dios nuestro Señor, que acabados sus estudios entrarán en la Compañía…”
En las dos últimas citas se relaciona mérito con estabilidad. La presencia ante Dios agradable a que antes aludíamos, no ha de ser algo momentáneo, sino una actitud, algo estable.

b) Pasemos a los textos en que merecer está ligado a la idea de gratuidad y don:
- De una carta a los PP y HH de Gandía (29-VII-1547)(Carta no 38 de la BAC):
(Trata de las ventajas de la obediencia)
“Es también de considerar que os hará ir descansados, y con mayor brevedad pasar adelante en la vía del cielo, como quien va a pies ajenos, no en los propios de su entender y querer; y en todas las cosas, como es dormir, comer, etc., hará que caminéis por la dicha vía en méritos continuos, como acaece a los que navegan, que, reposando, caminan; y para el término de la jornada, que más que todo importa, hace ganar y poseer más firmemente la llave del cielo, con que él se entre; que esta es la obediencia, así como la inobediencia la hizo y hace perder.”
El mérito, por tanto, no está ligado al mayor esfuerzo: “como acaece a los que navegan, que, reposando, caminan.”

- De una carta a F. de Borja (Julio de 1549)(Carta no 51,23 de la BAC):
(Está hablando de Fr. Juan Texeda)
“Primeramente, en decir lo que dice debajo de estos números, se muestra gran temeridad; porque sólo Dios es el que pondera los méritos, y no es creíble que le haya revelado y le revele tan a cada paso cosas tan íntimas, hechas y de por hacer (pues dice: “pronto vendrá el estado sobrenatural”), habiendo tantos contrarios en él especialmente.”
Según esto, el mérito no es una moneda con la que yo compro a Dios, sino algo que sólo El puede calibrar.

- De una carta a Magdalena Angélica Doménech (12-I-1554)(no 107 de la BAC):
“Por letras de Valencia he entendido que Dios N.S. visitaba a Vuestra merced con trabajos corporales y espirituales, mostrando, en dar tantas ocasiones de merecer, el amor muy especial que a Vuestra merced tiene y voluntad de remunerar tanto más cumplidamente los buenos deseos y obras de Vuestra merced en su eterna bienaventuranza, cuanto menos en este mundo y vida temporal muestra querer dar el premio dellas. Es verdad, señora, que yo deseo el contentamiento y toda consolación al ánima de Vuestra merced que a la mía propia, y compadezco a sus trabajos como la razón me obliga y la ley de caridad; pero con esto no puedo sino tener por muy singular don de Dios nuestro Señor la materia que da a Vuestra merced de ejercitar la paciencia, y la fe y esperanza en El, persuadiéndose que la divina y suma bondad y caridad del sapientísimo Padre celestial la provee de lo que más la cumple, pues no menos en la adversidad que en la prosperidad, y tanto en las aflicciones como en las consolaciones, muestra el eterno amor suyo con que guía a sus escogidos a la felicidad perpetua.”
El merecer surge, por tanto, de una situación experimentada como don que la convierte en oportunidad aprovechada. Y desde este sentido de oportunidad aprovechada, resalta en primer plano, no mi “generosidad” que quiere acumular “méritos”, sino una realidad desconcertante que puede vivir como inconveniente o como “participación que Cristo N.S. nos comunica de su cruz”.

- De una carta a Miguel Nóbrega (25-VIII-1554)(No 130 de la BAC):
“Y aunque se use la diligencia que, conforme a razón, debe usarse para aliviar o remediar los males temporales que su mano divina causa o permite, hecha la tal diligencia, deberíamos sin duda alegrarnos con la participación que Cristo N.S. nos comunica de su cruz, acordándonos no solamente que es mejor purgar los pecados en esta vida que en la otra, pero que aun merecen eterna retribución en los trabajos breves de esta vida; y no cualquiera, sino muy excelente, como dice el Apóstol: “Porque eso momentáneo y ligero de nuestra tribulación, etc (2 Cor 4,17). Y sabemos de muchos santos que Dios N.S. los ha llevado por esta vía del cautiverio a la libertad y bienaventuranza de su reino.”

- De una carta al P. Esteban Casanova (20-VII-1556)(No 176 de la BAC):
“Maestro Esteban carísimo. He recibido la vuestra, donde decís como cosa cierta que la represión de la sensualidad es la que os quita las fuerzas, y así oe resolvéis a atender al principal negocio del ánima. Primero, bien que sea cosa fácil que venga en parte de la tal represión vuestra debilidad, no creo sea causa total; también los ejercicios mentales, sobre todo intempestivos e inmoderados, deben hacer su parte; así que observad aquello que os tengo dicho, hasta tanto que otra vez me escribáis y se os conceda mudar aquel orden.
Después, esta represión puede hacerse de dos modos: uno, que con la razón y luz de Dios advirtiendo algún movimiento de la sensualidad o parte sensitiva contra la voluntad divina en modo que sea pecado, lo reprimáis con temor y amor de Dios; y esto está bien hecho, aunque se siguiese debilidad y mal del cuerpo; que no se debe hacer pecado alguno por este o por otro respecto. Otro modo hay de reprimir dicha sensualidad, cuando vos apetecéis algunas recreaciones o cosas lícitas, donde no hay pecado alguno, mas por deseo de mortificación y de cruz se niega aquello que se busca; y esta segunda represión, ni a todos ni en todo momento es conveniente, antes bien es a veces mayor mérito, para poder permanecer a la larga con fuerzas en el servicio divino, tomar alguna honesta recreación de los sentidos que reprimirla; y de ahí entenderéis que la primera clase de represión os conviene, y no la segunda, aunque tengáis ánimo de caminar por la vía más perfecta y grata a Dios.”

El mérito aquí no se relaciona con la dificultad, sino con lo más conveniente para que podamos estar abiertos a lo salvífico en sentido integral. Sería la idea central de la anotación 18: sólo lo que puedo llevar descansadamente me aprovechará. Es decir, el “merecer”, o es el resultado coherente e integrador para la persona que asume una realidad desde su libertad y capacidad, o simplemente es un voluntarismo destructivo que nunca sería “merito”, porque no podríamos vivirlo como don y oportunidad.
Pero volvamos a los números de EE que intentamos comentar. En EE 33 y 34 las dos maneras de “merescer”, contrapuestas a las maneras de pecar (venial y mortalmente: EE 35-37), describen una actitud que, desde nuestra “mera libertad y querer”, convierte “el mal pensamiento que viene de fuera” en una oportunidad salvífica aprovechada.
En este sentido, el “merescer” queda enmarcado en nuestras pasividades, lo que nuestra realidad nos depara, los “pensamientos” que en mí van surgiendo (unos buenos y otros malos), y que tengo la posibilidad de experimentarlos, no como condicionantes imperiosos, sino como retos a “mi mera libertad y querer”.

Es decir, la realidad que nos toca vivir es un conjunto de pasividades desde las que yo iré construyendo a través de mi “querer” (proyecto) y “libertad” (capacidad de vivir mis pasividades como oportunidades y no como necesitantes) lo “propio mío”.
Por tanto, el “merescer” que aparece en estos dos números que comentamos, no está montado sobre sueños heróicos ni voluntarismos, sino sobre cotidianas respuestas a una realidad que se nos impone “de fuera”, pero que la vivo como oportunidad. El merecer es la experiencia paradójica de vivir la realidad como don al descubrir en ella una oportunidad salvífica.
En EE 40 tenemos de nuevo el concepto de “mérito” contrapuesto a pecado, pero esta vez ligado a otro muy querido para Ignacio: “hay mérito en bien ordenar”, frente al “mal enderezar o en vanamente hablar” del pecado. Este par opuesto “bien ordenar”-”mal enderezar” apunta en el texto a otra doble contraposición: “provecho”-”ocioso” (=”No decir palabra ociosa, la cual entiendo, quando ni a mí ni a otro aprovecha, ni a tal intención se ordena…”). La idea de “provecho” aparece en EE 64 veces, y siempre se relaciona con un resultado salvífico. Por tanto, una vez más podemos definir mérito como oportunidad aprovechada, fruto salvífico.
Por último en EE 44 aparece dos veces, ambas relacionadas directamente con provecho.

Resumiendo, podríamos decir que para Ignacio mérito sería el resultado de la difícil conjunción de gracia-libertad. Nunca sería una apuesta voluntarista y heroica fuera de la realidad, sino la vivencia de mi realidad como don (oportunidad) desde mi libertad responsable (ordenada).

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